28 de febrero de 2024

En el micronacionalismo hispano, con sus muchísimas corrientes y formas de expresión, existen algunas que son embargo caen en el extremo del ridículo; ellas no son sino las de quienes promueven y defienden las “guerras de micronaciones”, haciendo de ellas su actividad más destacada.

En casi la totalidad de los casos se trata de cuentas de Twitter, dirigidas por lechuguinos con nulo interés en desarrollar un proyecto mínimamente serio.

Así, se ha producido una infantilización de los proyectos nuevos, que por imitación reproducen esquemas de guerra simulada y conflictos continuos en redes sociales, a fin de ganar “presencia micronacional”.

Antes que nada, entendamos bien que un proyecto serio no es solo algo estructura, normado o siquiera burocrático. Pero tiene una línea definida, con un camino a seguir a lo menos.

Lamentablemente, estos jóvenes imberbes no solo se toman el micronacionalismo como una jugarreta, sino que además adoptan posiciones sectarias y ultronas, alejadas de la realidad material, y aún de las mínimas concepciones de lo que se entiende un Estado, cosa que “pretenden” emular.

La guerra en las micronaciones es absurda. Sin embargo, pretender que lanzarse globos de agua con el vecino es una guerra, y afirmarlo como tal a los cuatro vientos, es una estulticia por parte de señor detrás de dicha entidad.

Entendemos que las micronaciones pueden pasar por diversas etapas de su desarrollo. Lamentablemente ciertas nefastas influencias del mundo anglosajón pueden inducir a que algunos jóvenes micronacionalistas crean que una “guerra micronacional” les dará prestigio y prensa. Pero no es así, sino que tendrán el efecto contrario.

Inclusive hay algunos que pretender imponerle su visión del micronacionalismo a los demás, asegurando que territorio puede reclamar una micronación, como puede organizarse, y condenando a las que adopten tal o cuál visión solo en base al peregrino argumento de que tienen la razón por qué así lo creen.

Muchas veces se suele menospreciar a nuestro micronacionalismo, ensalzando micronaciones estadounidenses de este siglo, que en la práctica solo operan como vehículo para la venta de filatelia, souvenirs, o para evadir impuestos.

No debemos olvidar que nuestros modelos hispanoamericanos son más antiguos y mejores; me refiero a las gloriosas repúblicas de Parva Domus y la Boca, verdaderos ejemplos políticos, sociales y culturales.

De esta manera, tres siglos de historia micronacional hispana nos permiten contemplar con soberano desprecio las pretensiones sostenidas por los admiradores de la guerra micronacional, que reducen el micronacionalismo a un burdo juego sin ninguna relevancia ni valor creativo.

Por nuestra parte, y tal como ha sido nuestra doctrina de Estado, solo mantendremos contactos con micronaciones, que sean serías y tengan a lo menos un año de existencia verificable, excluyendo totalmente a los apologistas de la guerra, del totalitarismo, y de la infantilización del micronacionalismo.

 

Anastasio López
Ministro de Asuntos Internos, y de la Defensa y las Relaciones Exteriores

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